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Diario de Mad Agriculture

Publicado en

June 08, 2021

Escrita por

Arina Abbott

Fotos por

Arina Abbott

Los pastores de la histórica región Tushetia de Georgia han deambulado desde las altas cumbres de las montañas del Cáucaso hasta la cálida estepa de la llanura de Shiraki por siglos. Empezó en 1659, cuando estos montañeses descendieron de las colinas para ayudar al reino de Khakheti en tierras bajas en su levantamiento contra la Persia safávida. En agradecimiento por su servicio, los tushetios recibieron tierras hasta donde un caballo pudiera cabalgar sin colapsar. Así sucedió la migración estacional de los pastores tushetianos, que trashuman sus ovejas por todo Georgia hasta la actualidad. 

Como una comunidad que ha perdurado por generaciones, los pastores iluminan valiosas lecciones, algunas de decadencia y renacimiento, soledad y comunidad. 

Moverse

Los pastores tushetianos viven según el movimiento de sus rebaños. Si pasan demasiado tiempo en un lugar, el pastoreo excesivo perjudica al pasto. Esto puede desestabilizar el suelo: una fórmula que provoca desprendimientos catastróficos, rebaños delgados y menos rinde. Al mover al rebaño al menos una vez por mes, el pasto tendrá tiempo para descansar y volver a crecer, y seguirá resiliente para las próximas estaciones. 

Prevenir > Rehabilitar

Escuchar a la tierra no siempre fue una prioridad en Tushetia. Cuando tomó el poder la industrialización soviética, los métodos centenarios fueron opacados por una única práctica: cría de ovejas. Las empinadas laderas pasaron de ser tierras de cultivo a pastura, un cambio arriesgado que dejó a muchos poblados susceptibles a la erosión severa y desertificación. Lo que una vez fue un sistema complejo arraigado en el saber natural se vio reducido a una máquina de optimización. El regreso a este saber natural sigue siendo una batalla cuesta arriba y la tierra muestra las cicatrices. 

Dejar espacio

Hoy, Georgia y los pastores tushetianos enfrentan una encrucijada: proteger corredores migratorios o arriesgarse a perder su tradición y medio de vida del todo. A medida que el desarrollo de Georgia avanza, el anhelo por la tierra está restringiendo el corredor que une a los hogares invernales de los pastores con sus pasturas de verano. Para emprendedores como Paata Abulidze, un pastor dedicado a recuperar las tradiciones queseras de Tushetia, la venta de la tierra agrícola plantea el mayor reto para su carrera. Sin espacio para que sus ovejas pastoreen y descansen durante el recorrido de 200 millas, muchos pastores creen que quizá no tengan otra opción que sacrificar a sus rebaños. La tierra destruida es una cosa. Que no haya tierra es otra.

A solas ≠ Sentirse solo

Para algunos, mantener esta forma de vida puede parecer solitario hasta la locura. Deambulando en silencio en lugares donde las fronteras internacionales se disuelven en piedras y matorrales, los pastores quizá no vean a otra persona durante semanas. Muchos disfrutan de la soledad, porque nunca están realmente solos. Los pastores hallan afinidad con sus rebaños, poblados y otros dedicados a esta forma de vida. 

En cada ronda de brindis, siempre se levanta una copa por los “pastores sin paga”: los caballos y los perros que hacen un trabajo invaluable. 

En cada festival de verano, las familias se reúnen en sus pueblos para celebrar el regreso a sus raíces montañesas. 

En cada esfuerzo que soportan, los pastores hallan sus simpatizantes, desde compañeros tushetianos dedicados a recuperar los métodos perdidos hasta las organizaciones internacionales que ayudan a reanimar el renacimiento. 

Traer a los jóvenes

Por todo el arduo trabajo que transmiten a la próxima generación de pastores, también hay alegría. En la primavera, los pastores jóvenes se reúnen en una carrera de caballos amistosa antes de empezar su migración estacional desde la llanura hasta las cumbres. Mientras el antiguo guardián espera pacientemente con cervezas en la mano, el polvillo empieza a levantarse en la distancia. Sonidos guturales y se van aproximando los veloces golpes secos de las pezuñas. En un destello, se acabó, y los hombres se apresuran a darse apretones de manos antes de empezar a festejar. Ha sido un largo día, y los próximos serán incluso más largos. Más vale disfrutarlo.


Agradecemos en especial a Paata Abulidze, fundador de Alaznistavi Cooperative y a Soso Shetidze, dueño de Shetidze - Caballos tushetianos, por compartir sus historias. 

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Originally published in
Mad Agriculture Journal Issue 5

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